Nos encontramos a mediados del
siglo XX. La escuela es un espacio
concreto, con paredes y pocas ventanas, con pupitres alineados en fila, con
pizarras, negras o verdes, en las que se escribe con TIZA. La rutina es constante. Los de primer año con D. Manuel en el aula
100, los de segundo con D. Arturo en el aula 200, los de tercero con D. Ignacio
en el aula 300. Me he olvidado mencionar
que los
chicos con los chicos y las chicas con las chicas. Más tarde llegaría aquello de que los chicos
con las chicas quieren estar ….. pero eso era otra canción. D. Manuel, D. Arturo
y D. Ignacio en los grupos de chicas eran sustituidos por Dña. Carmen, Dña.
Pilar y Dña Juana que era mujer de D. Ignacio.
En las aulas se convivía con un ambiente pulverulento
blanco, fruto de la limpieza de los borradores por golpeo contra pizarras y
paredes. Todo el conocimiento estaba en
las cabezas de los maestros y lo que no entraba en sus cabezas en las
enciclopedias que cada curso cambiaba de contenido y de tamaño. En aquellos tiempos aún no se había inventado
la mochila. Usábamos unas gomas elásticas
anchas para sujetar todo el material escolar transportado junto con el plumier
(¿qué habrá sido del?) o si no una cartera escolar.
Todo se hacía en base a los mandatos recibidos por el maestro. Esto se hace así porque lo dice D. Ignacio. El recreo era otro espacio temporal de
intervención educativa. Se nos preparaba
para repetir
lo que se nos enseñaba. Cuanto mejor
repetías mejor alumno eras. Se usaba
mucho la memoria, la repetición de ideas y conceptos e incluso se usaban reglas
nemotécnicas que ayudaban a memorizar. La
memoria era importante puesto que pasabas pruebas-exámenes en lo que debías
repetir lo aprendido para así dejar constancia de tu sabiduría.
En el último cuarto del siglo XX,
las aulas se llenan de chicos y chicas.
Juntos en la misma aula. Así
mismo te podía tocar D. Ignacio o su mujer Dña. Juana. Cambian un poco los exámenes que se empiezan
a realizar bajo la modalidad de test, que incluso pueden ser corregidos de
manera automática haciendo uso de plantillas de respuesta y de corrección.
Conforme
aumenta la edad del escolar esté tiene más necesidad de ampliar las fuentes de
información y aparecen en los hogares las enciclopedias LAROUSSE, 20 tomos
gordos donde la editorial Planeta recoge el saber universal y se generalizan
las Bibliotecas como lugares de estudio y de búsqueda de información
complementaria.
En las aulas donde permanecen los
pupitres alineados empiezan a desaparecer las tarimas y las pizarras negras y/o
verdes se convierten en blancas. Paulatinamente
desaparecen las tizas y aparecen los rotuladores Villeda que se borran fácilmente. Entra la televisión y el video en el aula. Llegan las mochilas, necesarias para transporta
un ingente cantidad de libros de textos usados por cada asignatura y también
entra la calculadora.
Para finales de SIGLO XX ya ha
entrado el ordenador en el aula. Su
evolución se aprecia en los soporte magnéticos utilizados para guardar la
información, los flopy disk de 5 ¼ pulgadas, el diskette de 3 ½ pulgadas que se
podía proteger contra escritura con un tozo de cinta aislante y los primeros
pen-drives de baja capacidad. El ordenador
se usaba como una herramienta de búsqueda y recopilación de información la cual
se compartía en soporte papel.
Se trabaja más el concepto de
evolución que el de evaluación. Las tecnologías
de la información y la comunicación, las TIC´s están presentes en las aulas
como una herramienta didáctica más.
Existe una gran preocupación por poner al alumnado en el centro de la
acción educativa. Hay mucha preocupación
por conocer la mochila, en el sentido figurado, con el que el alumnado acude a
la escuela. Se ve necesaria la
participación de toda la sociedad en esa tarea encomendada a la escuela de
formación de una ciudadanía libre y comprometida con el mundo al que pertenece.
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